Pero una vez comenzadas, es imposible dejar de leer.
Es como si el sufrimiento que se describe te uniera con un lazo invisible a los protagonistas y no los puedes abandonar así, con esas penas.
Es como si estás al lado de alguien que lo está pasando fatal y no le puedes ayudar, pero no te vas...
El círculo del punto, de Ann Hood aunque a mí al principio el título me sonó a geometría, es un libro de labores, bueno, de amistad, o mejor, de pena, tal vez de consuelo, quizá de esperanza...
Terapia para olvidar y sobrellevar terribles pérdidas familiares. Puntos y más puntos. Pero lo más importante, la compañía. La posibilidad de hablar de... o no decir nada de aquello que nos ahoga. Puntos y más puntos para no pensar en otra cosa o para pensar tranquilamente sin que nadie te pregunte.
Para leer Si a los tres años no he vuelto de Ana R. Cañil, hay que volver a España, a la época de la guerra civil. Nos encontramos también con varios dramas de los ocurridos en las cárceles, con personas que sufren y hacen sufrir, víctimas y verdugos.
No es nada atrayente, hay que echarle valor y seguir leyendo. Es una novela con una gran dosis documental. Siempre te aporta nuevos puntos de vista, pero lo que espero que aporte, sobre todo a las generaciones más jóvenes si es que han de seguir leyendo de este tema, es la mirada crítica a la intolerancia y el respeto a todas las formas de pensar.
Me ha recordado otras historias leídas, algunas en momentos duros y para mí, aunque resulte paradójico, han sido también una especie de terapia.
Sufrir con dolor ajeno, a veces tan enorme, hace minimizar tus pequeñas o grandes preocupaciones.
Ambas novelas están basadas en hechos reales.
El sufrimiento que conocemos a través de la primera novela es inevitable, por desgracia.
De verdad me gustaría pensar que en el caso de las guerras,
pudiese la humanidad ser capaz de evitarlas.
