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martes, 8 de mayo de 2012

Dos libros tristes

La verdad es que me apunté a la propuesta de estas lecturas conjuntas sin saber muy bien el sufrimiento que escondía cada una de ellas.
Pero una vez comenzadas, es imposible dejar de leer.
Es como si el sufrimiento que se describe te uniera con un lazo invisible a los protagonistas y no los puedes abandonar así, con esas penas.
Es como si estás al lado de alguien que lo está pasando fatal y no le puedes ayudar, pero no te vas...

El círculo del punto, de Ann Hood aunque a mí al principio el título me sonó a geometría, es un libro de labores, bueno, de amistad, o mejor, de pena, tal vez de consuelo, quizá de esperanza...
Terapia para olvidar y sobrellevar terribles pérdidas familiares.  Puntos y más puntos.  Pero lo más importante, la compañía.  La posibilidad de hablar de... o no decir nada de aquello que nos ahoga.  Puntos y más puntos para no pensar en otra cosa o para pensar tranquilamente sin que nadie te pregunte.



Para leer Si a los tres años no he vuelto de Ana R. Cañil, hay que volver a España, a la época de la guerra civil.  Nos encontramos también con varios dramas de los ocurridos en las cárceles, con personas que sufren y hacen sufrir, víctimas y verdugos. 
No es nada atrayente, hay que echarle valor y seguir leyendo.  Es una novela con una gran dosis documental.  Siempre te aporta nuevos puntos de vista, pero lo que espero que aporte, sobre todo a las generaciones más jóvenes si es que han de seguir leyendo de este tema, es la mirada crítica a la intolerancia y el respeto a todas las formas de pensar.
Me ha recordado otras historias leídas, algunas en momentos duros y para mí, aunque resulte paradójico, han sido también una especie de terapia.
Sufrir con dolor ajeno, a veces tan enorme, hace minimizar tus pequeñas o grandes preocupaciones.


Ambas novelas están basadas en hechos reales.
El sufrimiento que conocemos a través de la primera novela es inevitable, por desgracia.  
De verdad me gustaría pensar que en el caso de las guerras, 
pudiese la humanidad ser capaz de evitarlas.