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jueves, 26 de abril de 2012

Las ardillas de Central Park...

Después de haber leído los dos libros anteriores de Katherine Pancol,  Los ojos amarillos de los cocodrilos y El vals lento de las tortugas, resulta muy fácil y agradecido leerse Las ardillas de Central Park están tristes los lunes
Con este título tan curioso nos adentramos de nuevo en la vida de estas familias tan especiales,  y vamos pasando páginas con una sonrisa en los labios, a veces con un gesto de sorpresa y otras de ternura.  Cualquier cosa menos aburrido.  A mí me resultó muy grato leerlo en vacaciones y después de enfrentarse con algún que otro drama, se agradece una lectura fresca y dinámica.  Siguen estando los malos-malos pero sobre todo cobran fuerza los personales geniales...

martes, 15 de marzo de 2011

Dos libros más

Los ojos amarillos de los cocodrilos, de Katherine Pancol. Me dejaron este libro a principios de este año y lo leí muy a gusto. Es fácil encariñarse e identificarse con la protagonista: la buena, claro. Porque en este libro hay buenas, malas, buenos y malos. También hay personajes sorprendentes. Soy de las personas que piensan que no hay nadie malo. No sé cuándo voy a asumir la terrible realidad de que sí, que hay malos. No he debido madurar todavía lo suficiente. En esta novela hay buenos de los de verdad, de los que cotidianamente decimos que son tontos... y malos que lo son porque nadie les ha enseñado a ser buenos, que en el fondo sufren muchísimo. Pero también hay malos rematadamente malos sin remedio, y si lo dudan, lean la siguiente:

En cuanto pude, leí El vals lento de las tortugas, la historia que continúa. Me ha gustado más que el primero y la verdad es que me enganchó. Hay sorpresas, y como les digo a las amigas que no lo han leído aún... no voy a decir ni pío...pero desde luego, me lo he pasado bien leyéndolo.
Me gusta leer novelas de autores europeos. Me ha encantado pasear por París y por Londres también un poquito. Los personajes tanto protagonistas como secundarios no tienen desperdicio. Algunos nos los encontramos todos los días por el barrio y otros son tan peculiares que es difícil tropezar con uno igual...Y los malos, ¡ay, los malos!. Aún añadiría que sin lugar a dudas están enfermos. Si no, ¿cómo se pueden llegar a cometer semejantes atrocidades?